One, two, three.

Era un lugar pequeño y un poco vago, se notaba en el cartel “escritores del alma”, no era una librería era un estilo de capullo ideal donde tomar café y escribir maravillosas historias las cuales siempre terminaban en el cesto de basura. Los escritores no son muy conformistas.

Uno.

Dos.

Tres pasos.

Lo vi ahí sentado, entre millones de libros de autores poco conocidos. Llevaba una ramera negra en cuello v, su brazo izquierdo contenía secretos grabados en tinta negra.

Arriba.

Abajo.

Estaba sobre las escaleras. Su boca esparció el abundante humo del cigarrillo que segundos antes traía en los labios, bajo la mirada a sus tenis, eran negros. Unos vans. Volvió arriba y conectamos, sus ojos me dieron el peor miedo del mundo, estaba asustada. Relajo su cuerpo, su mirada se volvió profunda y amistosa, después, me sonrió.

Segura de devolverla di otro paso, lento. Me trabe con las agujetas en los pies, me agache y las amarre, cuando volví sacudí mi cabello, por inercia. No voltees. No lo hagas.

Voltee y seguía ahí mirándome. Me recordó a aquella canción donde el chico encuentra una chica absurda que le bastó mirarla una vez a los ojos y saber que era feliz aún que jamás volviera a saber de ella.

Seguí con mi camino, sabía que esto era insignificante.

irwinhat

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